martes, 26 de julio de 2011

Un año con Kuro

Desde que retomé el blog he querido dejar de escribir entradas detallando sobre mi vida personal y centrarme más en postear cosas sobre ilustración que puedan interesaros y seros útiles, pero como hoy es un día muy especial voy a saltarme mi propia norma.

Como ya sabréis, hace un tiempo que me vine a Alicante para seguir formándome. Lo que en un principio iban a ser tres años de estudios para luego volverme a Granada se convirtió en algo totalmente imprevisto, ya que al final decidí quedarme. Esto hizo que allí dejara a mucha gente, muchos lugares, muchas cosas y muchas libertades fuera del nuevo rumbo que había elegido para mi vida. Os va a sonar raro, quizás estúpido, pero por quien más sufrí y lloré fue por... Leona.

Esa gatita era mi vida, mi preciosa cuchufleta de leche rizada con barriguilla pera y aliento de atún, capaz de hacer que me tranquilizara por muy agobiada y petada de trabajo que estuviera con tan sólo verla durmiendo a mi lado. Es la nena más buena, dulce y a la vez tsunderiana del mundo, y realmente la quería con locura. Claro está que la sigo queriendo muchísimo, pero sé que está bien y en buena compañía, cosa que cuando elegí quedarme en Alicante habría imposible conseguir porque en mi casa han estado prohibidos los gatos desde siempre. Normas de los padres que están hartos de tener la cadena alimentaria completa en su jardín, ya sabéis... De igual forma, aunque hubiera podido traérmela conmigo está tan acostumbrada a su casa que fuera de ella le cambia totalmente el carácter, se asusta y se pone muy nerviosa, por lo que por muy enchochada que estuviera no quería que Leona viviera angustiada. Al fin y al cabo, la que eligió cambiar su vida fui yo, no ella.

Justamente hoy hace un año que mi madre me llamó de repente para decirme que tuviera mucho cuidado cuando llegara a casa, porque en mi habitación habían encerrado "una pelusa". Me extrañé mucho de la forma tan rara que tenía para decirme sutilmente que recogiera mi cuarto (jeee), pero después de un rato hablando con ella y viendo lo intrigada que estaba con lo que me acababa de contar, me lo dijo: mi padre me había traído con motivo de mi cumpleaños un gatito persa de angora de apenas dos meses de edad. Por lo visto mis fases de asimilación de datos fueron bastante graciosas, hasta que finalmente acabé llorando como una idiota y sin terminar de creérmelo. Tened en cuenta que quería un gato desde que tengo uso de razón y nunca me habían permitido siquiera pensar en la idea...

El caso es que cuando llegué a mi casa me encontré con esta cosita esperándome:



¿Que cuál fue mi reacción al verle? Pues la de siempre: llorando e intentando creerme que de verdad se iba a quedar conmigo. Aunque de carácter es totalmente opuesto a Leona, a día de hoy no me imagino estar sin este bichejo negro ronroneándome por cualquier cosa.

Rápidamente fue cogiendo confianza, y eso se notó sobretodo en su forma de dormir:


Al principio sólo dormía recogidito en modo pelusita kawaiiosa...


... luego le pilló el gustillo a eso de dormir en plan comadreja...


... más tarde se autoproclamó el dueño de ese plato de adorno con esta curiosa pose...


... y ahora, simplemente duerme donde y como le da la gana cuando le apetece.

También se adaptó muy bien a la casa. No hay más que ver lo contento que se pone cuando descubre algún hueco que le sirva de escondite:


Le encanta esconderse tanto en rincones por el jardín...


... como dentro de casa. En esta foto concretamente está encima de mis apuntes xD


Desde la escalera nos vigila y controla todos nuestros movimientos. Me encanta verle ahí tumbado, se le ve una carita de gordo maloso muy adorable xDD!


Los dos mimados de la casa, pillados in fraganti en una de sus reuniones secretas sobre cómo manipularnos con monerías.


Una de las fotos más recientes, donde se le ve con su corte de pelo veraniego. Esta se la hice cuando estaba terminándole el regalo a mi big'sis.

Durante este año he sido la orgullosa humana de un gato precioso, y le adoro todavía más que el primer día que llegó a casa. Está loco, es un rebelde y un pasota generalmente... pero está conmigo y a veces parece que me quiere y todo. ¿Qué más se puede pedir? :þ

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